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Cuando tu necesidad de pertenecer alimenta el poder que te excluye
El sociólogo y escritor Argentino Rafael Ton llamó a esto el síndrome Doña Florinda. Se refiere a personas que viven con las mismas dificultades que el resto, pero actúan como si fueran diferentes. Como si no pertenecieran al mismo entorno, como si no compartieran los mismos problemas. Se esfuerzan por parecer “mejor”, por marcar distancia. Miran a los demás con desprecio, como si la pobreza de otros fuera una amenaza, pero la suya no contara, porque se sienten educados, correctos, “gente decente”. Y esa aspiración, ese deseo de pertenecer a otro grupo, los lleva a apoyar y aceptar discursos y decisiones que van directamente en contra de ellos mismos. Votan como si realmente fueran parte de ese mundo que admiran, aunque ese mundo nunca los reconoce como parte de él.
Y ahí empieza el problema. Porque esa necesidad de sentirse “más” termina usándose en tu contra.
Te hacen creer que si votas por los que están arriba, te parecerás más a ellos. Que si apoyas a quienes mandan, te alejarás de los que “estorban”. Pero no es cierto. Usan tu voto para vender lo que te pertenece: tu tierra, tu aire, tus recursos. Privatizan tu salud, tu educación, tu transporte. Te dicen que es eficiencia, pero en realidad es negocio. Para ellos.
Cuando hablan de “flexibilizar el trabajo”, no es para darte libertad. Es para comprarte barato y venderte caro. Tú entregas tu tiempo, tu cuerpo, tu energía. Ellos se quedan con la diferencia. Y mientras tanto, te hacen sentir afortunado por tener un lugar, aunque sea mínimo, en un sistema que nunca fue diseñado para ti. Y encima, te endeudas para seguir pagando el boleto de entrada a esa supuesta “élite” que te prometieron, pero que nunca te va a dejar entrar del todo. Y lo peor: te endeudas con ellos mismos. Con sus bancos, sus corporaciones, sus industrias. Ellos están en la mesa. Y tú, tú eres el menú.
Eso es el neoliberalismo. Esa es la extrema derecha. No se trata de orden ni de libertad. Se trata de poder. Y cada elección, cada voto, es una oportunidad para decidir si sigues alimentando ese banquete o si empiezas a pensar distinto.
Así que hazte una pregunta simple y honesta: ¿por qué estoy votando como voto? ¿Qué estoy defendiendo? ¿Y qué estoy dejando que se pierda?
Si tus respuestas incluyen el maltrato a otros, el desprecio, la exclusión… entonces no es solo el gobierno el que está fallando. Algo se desacomodó dentro de ti. Pero también ahí, en ese mismo lugar, puede comenzar el cambio.
Giovi

